Volviendo a la entrada, a la derecha y marcado por un semicírculo de columnas, está el espacio de la asamblea de los fieles. Es un espacio muy distinto del de las naves alargadas que formaban el anterior templo. Subraya una visión más centrada en el altar, con los fieles rodeándolo en estilo de asamblea. La bóveda semeja una gran carpa -evocación de las tiendas del pueblo peregrino en el desierto- formada por una celosía de madera que aporta una acústica agradable al templo. Desde las vigas de madera varios focos proyectan gran parte de la luz que ilumina la asamblea de fieles. Detrás de la línea de columnas se puede circular sin interferir en las celebraciones. Unos apliques discretos iluminan este paso y el resto de los espacios de circulación de la Iglesia.

 

Al fondo del altar, un gran panel arquitectónico con varios elementos figurativos da forma a un retablo diferente: seis imágenes de bronce componen una escena que recuerda la aparición de Jesús junto al lago Tiberíades (Jn 21). La silueta de una red de pesca, que vincula las imágenes más bajas, refuerza esta idea. No en vano A Coruña es puerto de mar.