El edificio antiguo y su deterioro

La iglesia coruñesa del Sagrado Corazón es una obra contemporánea, que surge como otros templos de la Compañía, desprovista del edificio propio a fines del siglo XVIII. Rebrotó al fin del siglo XIX en modelos neogóticos, sustituidos más tarde por otros físicamente integrados en la ciudad. El cardenal Martín Herrera puso en 1899 la primera piedra del templo neogótico coruñés. La fachada exterior, revocada con cemento blanco de Marsella imitando cantería, fue ampliada en los años 20 con una torre neogótica de hormigón armado proyectada por el arquitecto Leoncio Bescansa Casares. La torre fue desmochada en los 70 y eliminada completamente en los 80. Esto se debió a que cuando se levantó la torre no se dominaban las técnicas de hormigón armado. Emplearon arena de playa que, junto al aire marino, provocó un proceso corrosivo del hormigón. La Iglesia neogótica queda así desprovista de su más característico elemento arquitectónico. El interior ya había sido dañado en 1936, cuando se incendió el interior de la iglesia y se quemaron sus altares. La antigua iglesia también se vio afectada con el paso del tiempo por sus modestos materiales y además quedó integrada entre edificios de nueva factura. A todo esto, se unió el peligro de derrumbe de sus bóvedas a causa de la acumulación de detritos de palomas y ratones. Todo ello obligó a pensar en una nueva construcción.

 

La nueva Iglesia

La consecuencia fue un nuevo edificio integrado en la manzana urbana del nuevo centro de la ciudad, en el «ensanche», con acceso a la Residencia por Fonseca, 6, en cuya esquina de Juana de Vega está la puerta de la iglesia. El proyecto es del arquitecto Álvaro Romero Gil-Delgado y fue realizado entre 1992 y1994. El retablo del altar mayor consiste en un conjunto de imágenes de Jesús resucitado y discípulos con la red de pesca en el lago de Tiberíades y es obra (1994) del escultor pontevedrés Suso (Xuxo) Vázquez Pardo, de quien es asimismo la Virgen Santa María del Mar, situada a la derecha del presbiterio. El espacio de la asamblea está rodeado por vidrieras en semicírculo, creando un fondo de luz que proporciona un sereno ambiente interior. Es obra del polifacético maestro, escultor y vidriero José Luis Neira Brochs y está inspirada en motivos de la vida de San Ignacio de Loyola.